La literatura tradicional budista siempre ha defendido que la práctica de la meditación reduce el estrés psicológico lo que provoca un aumento de la calidad de vida y el bienestar físico y mental [1]. El cómo esta ancestral práctica llega a ejercer sus efectos sobre el organismo es algo que hasta ahora no había sido demostrado.

Los cromosomas (estructuras formadas por el ADN, situadas en el interior de las células y en los que se encuentran las instrucciones para "fabricar" los seres vivos) cuentan en sus extremos con unos fragmentos de ADN que actúan como protectores de la estabilidad estructural de los mismos, los telómeros. De hecho, la longitud de estos fragmentos de ADN (que se acortan un poco cada vez que se produce una división celular), es vital para la célula, y cuando los telómeros llegan a una longitud crítica, la célula deja de dividirse y se muere. Contra el acortamiento irreversible de estos telómeros, las células se protegen con la telomerasa, un enzima (una proteína) encargado de mantener los telómeros por encima de los valores críticos de longitud. Aún así, con el paso de los años, estos telómeros se van acortando, de hecho esta es una de las causas de los efectos que se producen en el envejecimiento natural de cualquier ser humano.

Un acortamiento excesivo de los telómeros o una actividad ineficiente de la telomerasa, son factores de riesgo para la salud y están relacionados con el sufrimiento de enfermedades como el cáncer o los desórdenes cardiovasculares. Esto ocurre de manera natural con el proceso de envejecimiento, pero se ha encontrado que los altos niveles de estrés psicológico o fisiológico provocan una bajada en los niveles y actividad de la telomerasa. Este efecto trae como consecuencia un mayor acortamiento de los telómeros, lo que puede provocar un envejecimiento acelerado del organismo y un creciente riesgo de sufrir enfermedades [2].

Teniendo en cuenta esto, un mecanismo que frene este proceso se traduciría en un aumento de la salud y calidad de vida. Esto mismo se lo plantearon un equipo de investigadores encabezado por Tonya Jacobs (Universidad de California en Davis; EE.UU.) y que incluye a Elizabeth Blackburn (Universidad de California en San Francisco;EE.UU.), que recibió el Nobel por sus trabajos sobre los telómeros y la telomerasa. El trabajo consistió en escoger a un grupo de 30 hombres y mujeres voluntarios de entre 21 y 69 años que fue sometido a prácticas de meditación de 6 horas al día durante 3 meses en un lugar aislado (el centro Montaña Shambhala al norte de Colorado, EEUU) guiados por un experto espiritual. Este grupo se comparó con un grupo control de las mismas características que realizó sus quehaceres diarios de manera habitual durante el mismo periodo de tiempo. Los resultados fueron publicados en la revista Psychoneuroendocrinology [3].

Al final de este periodo, ambos grupos fueron sometidos a diversos tests psicológicos sobre atención vital, percepción de experiencias externas o internas, control emocional, propósito vital, percepción de sentido de la vida, percepción de objetivos vitales, felicidad y neuroticismo (presencia de emociones negativas, ansiedad, mal humor, estrés,...); y a pruebas analíticas de la actividad telomerasa.

Los resultados fueron espectaculares. El grupo que había practicado meditación registró aumentos significativos en todos los valores psicológicos positivos (atención vital, percepción de experiencias externas o internas, control emocional, propósito vital, percepción de sentido de la vida, percepción de objetivos vitales y felicidad), y descenso en neuroticismo. La prueba de la telomerasa mostró que el grupo que había practicado meditación presentaba una mayor actividad telomerasa, y que este efecto estaba correlacionado con el aumento en la sensación de control vital y propósito vital, y al menor neuriticismo.

Por lo tanto, los autores demostraron que una práctica como la meditación, orientada al control de la atención, la concentración y la relajación (control de los pensamientos, sentimientos y emociones para evitar pensamientos recurrentes y conseguir centrarse en el presente), disminuye el estrés psicológico y fisiológico. Esto contribuye a una mejor salud mental, a una mejor percepción de uno mismo y de su lugar en el mundo, a un mayor optimismo y a una mejor valoración y satisfacción de la propia vida. Todos estos aspectos psicológicos positivos influyen en la fisiología celular del organismo (se disminuye el estrés a nivel psicológico, fisiológico y celular), haciendo que la actividad telomerasa aumente, lo que finalmente puede repercutir en un menor riesgo de sufrir enfermedades, una mejor salud general y una mayor longevidad.

[1] Dalai Lama, Cutler, H.C., 2009. The Art of Happiness: A Handbook for Living, 10th Anniversary Edition. Riverhead Books, NewYork.
[2] Epel, E. (2004). From the Cover: Accelerated telomere shortening in response to life stress Proceedings of the National Academy of Sciences, 101 (49), 17312-17315 DOI: 10.1073/pnas.0407162101
[3] Jacobs, T., Epel, E., Lin, J., Blackburn, E., Wolkowitz, O., Bridwell, D., Zanesco, A., Aichele, S., Sahdra, B., & MacLean, K. (2010). Intensive meditation training, immune cell telomerase activity, and psychological mediators Psychoneuroendocrinology DOI: 10.1016/j.psyneuen.2010.09.010