viernes, 20 de enero de 2012

Los jueces, Jefté y las medias verdades




Hoy vuelvo a romper la rutina habitual de mis publicaciones para mostraros una pequeña historia que llegó a mis oídos estos días. Se trata de la historia de Jefté. Jefté es un personaje bíblico, juez de Israel durante seis años. Os la comento porque es una historia curiosa, resulta que durante muchos años, dentro de la cultura de la religión católica, se nos ha contado y recontado la historia del sacrificio no realizado de Abraham, el cual iba a ofrecer a su hijo Isaac a dios, pero que fue impedido en el último momento por un ángel (Génesis 22:1-19). Pero sin embargo, nunca hemos oído la historia de La promesa de Jefté (Jueces 10:6-12:7), y por eso os voy  a poner aquí un extracto.
Resulta que el bueno de Jefté era hijo de Galaad con una prostituta, por lo que Jefté, cuando su padre se casó con otra mujer y tuvo hijos y estos se hicieron mayores, fue desheredado y expulsado por sus medio hermanos. Jefté se trasladó entonces a la región de Tobdonde reunió una banda de desalmados que junto con él salían a hacer correrías.
Pero (las vueltas que da la vida) pasado algún tiempo los amonitas atacaron a Israel, y los ancianos de Galaad intentaron convencer a Jefté para que los liderara en la guerra contra éstos, ya que Jefté era un valiente guerrero. Jefté al principio los mandó a paseo, normal, primero lo habían echado y ahora venían a buscarlo, vamos hombre. Pero luego negoció unos asuntillos con ellos, y aceptó liderarlos en la batalla.
El tema es que los amonitas los atacaron debido a que "Cuando ustedes los israelitas salieron de Egipto, nos quitaron nuestras tierras, desde el río Arnón hasta los ríos Jaboc y Jordán. Ahora, pues, devuélvemelas por las buenas." Pero claro, Jefté y los israelitas decían que no, que ellos no habían quitado nada pues "nosotros consideramos nuestro lo que el Señor nos ha dado en propiedad"; es decir, que como su dios les "había dado" esas tierras, pues no consideraban habérselas quitado a los amonitas. Los amonitas, por supuesto, no tragaron con eso, y se lió parda... 
Y aquí es cuando entra en juego el dios que le había dado las tierras a los israelitas, se pone en contacto con Jefté, y ocurre toda la historia de la promesa y el sacrificio que a mí me resultó tan curiosa, no por la historia en sí, si no porque nunca la había escuchado mencionar de boca de un miembro de la religión católica. Ahí os dejo el fragmento:


La promesa de Jefté
 29 Entonces el espíritu del Señor vino sobre Jefté, y este recorrió Galaad y Manasés, pasando por Mispá de Galaad, para invadir el territorio de los amonitas. 30 Y Jefté le hizo esta promesa al Señor: "Si me das la victoria sobre los amonitas, 31yo te ofreceré en holocausto (entre los israelitas, sacrificio en el que se quemaba toda la víctima (DRAE)) a quien primero salga de mi casa a recibirme cuando yo regrese de la batalla."    
32 Jefté invadió el territorio de los amonitas, y los atacó, y el Señor le dio la victoria. 33 Mató Jefté a muchos enemigos, y conquistó veinte ciudades entre Aroer, Minit y Abel-queramim. De este modo los israelitas dominaron a los amonitas.   
 34 Cuando Jefté volvió a su casa en Mispá, la única hija que tenía salió a recibirlo bailando y tocando panderetas. Aparte de ella, no tenía otros hijos, 35 así que, al verla, se rasgó la ropa en señal de desesperación y le dijo:    --¡Ay, hija mía, qué gran dolor me causas! ¡Y eres tú misma la causa de mi desgracia, pues le he hecho una promesa al Señor, y ahora tengo que cumplírsela![a]   
 36 Y ella le respondió:    --Padre mío, haz conmigo lo que le prometiste al Señor, ya que él ha cumplido su parte al darte la victoria sobre tus enemigos los amonitas. 37 Te ruego, sin embargo, que me concedas dos meses para andar por los montes, con mis amigas, llorando por tener que morir sin haberme casado.[b]    
38 Jefté le concedió los dos meses, y en ese tiempo ella anduvo por los montes, con sus amigas, llorando porque iba a morir sin haberse casado. 39 Después de ese tiempo volvió a donde estaba su padre, y él cumplió la promesa que le había hecho al Señor. La hija de Jefté murió sin haber tenido relaciones sexuales con ningún hombre.



Bueno, pues esta es la historia, que cada uno saque sus propias conclusiones...

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