Desde un punto de vista científico, la depresión se puede entender a
distintos niveles. En el post de hoy la voy a tratar desde una localización bastante
elemental: la célula nerviosa y sus neurotransmisores. (Aún quedaría otra más
elemental: el nivel genético y el epigenético.)
La depresión es un trastorno del estado de ánimo bastante ambiguo en
su definición. Es importante tener en cuenta esto, ya que para diagnosticar
depresión se suele seguir un criterio de exclusión, es decir, que si un
paciente tiene una serie de síntomas vagos y variados que no parecen ser
indicativos de nada específico, este paciente se puede clasificar como
depresivo. Por ejemplo, la depresión puede ser indicada si se come demasiado, o
demasiado poco; por dormir demasiado, o por no ser capaz de conciliar el sueño;
etc… Es un poco “cajón de sastre”, y por lo tanto, hay teorías muy diversas sobre cuáles son las bases fisiológicas de la enfermedad, casi tantas como
maneras diferentes en las que la depresión se manifiesta en diferentes
personas.
Una de las teorías que está últimamente teniendo bastante evidencia
científica cuenta con la peculiaridad de que tiene en cuenta a las células de la glía -células nodriza del sistema nervioso que
desempeñan, de forma principal, la función de soporte de las neuronas-. Fig 1
![]() |
| Figura 1. Sinapsis neuronal en la que podemos observar el papel de los astrocitos y las células GABAérgicas. Arriba se muestra una situación normal, y abajo una situación de estrés/depresión |
En la figura se puede observar cuál es el papel de estas células,
astrocitos específicamente, en el proceso depresivo. En una situación normal
–parte superior de la figura- los astrocitos toman el glutamato, un
neurotransmisor excitador, una vez que este ha sido liberado por la neurona presináptica y
ha cumplido su función -unirse a los receptores de la célula postsináptica-, lo degradan a su precursor, la glutamina, la cual es
enviada de vuelta a las neuronas para que estas puedan sintetizar glutamato
de nuevo.
Además, los autores también muestran el papel llevado a cabo
por las interneuronas GABAérgicas, las cuales inhiben a las neuronas
glutamatérgicas.
Según la hipótesis de la depresión causada por la glía –parte inferior
del diagrama-, lo que ocurriría sería que en estos pacientes habría un número
reducido de astrocitos y de interneuronas GABAérgicas. Esto traería como
consecuencia que habría un “aclarado” deficiente de glutamato por los
astrocitos, y una inhibición incompleta de las neuronas glutamatérgicas, lo que
conllevaría a un exceso de glutamato en el espacio interneuronal. Este excedente de glutamato en el espacio sináptico provocaría una estimulación/excitación excesiva de las neuronas, lo
que podría conducirlas a la muerte –proceso conocido como excitotoxicidad-. Esta muerte o atrofia neuronal debida a un mal funcionamiento de las células de la glía y las interneuronas GABAérgicas, acabarían por causar los síntomas de la depresión.
Aunque por mucho tiempo se consideró a las células gliales como
elementos pasivos en la actividad nerviosa, trabajos recientes demuestran que
son participantes activas del procesamiento neuronal, siendo fundamentales en
el desarrollo de las redes neuronales embrionarias o en la regulación de las
sinapsis. Últimamente se están teniendo en cuenta también para intentar explicar el desarrollo de diferentes patologías, y trabajos como el comentado en este
post nos indican que su papel puede ser más importante de lo que se pensaba en
un principio.
Referencia
Banasr, M., Dwyer, J., & Duman, R. (2011). Cell atrophy and loss in depression: reversal by antidepressant treatment Current Opinion in Cell Biology, 23 (6), 730-737 DOI: 10.1016/j.ceb.2011.09.002


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada